
Tenía solo 19 años. Evan Lieberman, estudiante de primer año universitario, iba en el asiento trasero del auto de su amigo cuando este cruzó la línea central y chocó de frente contra un Jeep que venía en sentido contrario en una autopista al norte de la ciudad de New York. Pasó 30 días en el hospital antes de fallecer a causa de sus lesiones.
Los registros policiales muestran que el conductor, Michael Fiddle, amigo de Evan, estaba usando su celular mientras manejaba. Sin embargo, las autoridades no pudieron probar que estuviera enviando mensajes de texto en el momento del accidente. El afligido padre de Evan, Ben Lieberman, demandó a Fiddle y además lanzó una campaña contra el envío de mensajes de texto al manejar.
El papá de Evan también se comunicó con Cellebrite, una empresa que ha desarrollado un software que puede detectar si un dispositivo determinado se ha usado y exactamente cuándo. Lo llaman el Textalyzer. Básicamente, es el equivalente digital de un alcoholímetro.
En marzo de 2016, el comité de Transporte del Senado de New York aprobó la “Ley de Evan”, una legislación en honor a Lieberman que permitiría a las autoridades usar dicha tecnología para hacer cumplir las infracciones por conducción distraída. Si la Ley de Evan se aprueba en New York, será el primer estado en aprobar esta ley.
El proyecto de ley contiene un texto que propone modificar las leyes de tránsito del estado para permitir pruebas en el lugar de los hechos a teléfonos y otros dispositivos, pruebas que solo se permitirían después de un accidente con lesiones personales o daños a la propiedad. Un oficial que llegue al lugar de un choque podría pedir los teléfonos de los conductores involucrados y usar el Textalyzer para acceder al sistema operativo y verificar la actividad reciente. La tecnología podría determinar si un conductor usó el teléfono para enviar mensajes de texto, correos electrónicos o hacer cualquier otra cosa prohibida por las leyes de manejo con manos libres de New York. Negarse a entregar un teléfono podría llevar a la suspensión de la licencia de conducir, de forma similar a las consecuencias de negarse a una prueba de alcoholímetro.
Jay Winsten, decano asociado y director del Center for Health Communication de la Escuela de Salud Pública de Harvard, dijo: “Estamos perdiendo la batalla contra la conducción distraída”.
Las estadísticas dan miedo. Según una investigación de Zendrive, una empresa de análisis de conducción, los estadounidenses usan sus teléfonos casi cada vez que se ponen al volante. El estudio revela que, durante un viaje de una hora, los conductores pasan en promedio tres minutos y medio usando sus teléfonos.
Este hallazgo es aterrador, especialmente si se considera que una distracción de dos segundos es suficiente para aumentar más de 20 veces la probabilidad de chocar. En otras palabras, eso equivale a 105 oportunidades por hora en las que alguien puede matarse y/o matar a otros.
Candace Lightner, fundadora de Mothers Against Drunk Driving (Madres en Contra de Conducir Ebrio), ayudó a formar este año un nuevo grupo, Partnership for Distraction-Free Driving. Este grupo presiona a empresas de redes sociales como Facebook y Twitter para que desalienten que los conductores hagan varias cosas a la vez, de la misma manera en que Lightner presionó a las empresas de cerveza y licor para que desalentaran el manejo en estado de ebriedad. “La conducción distraída no se está tomando tan en serio como manejar ebrio, y debería ser así”, dijo. “Es peligrosa, devastadora, incapacitante, es mortal y todavía es socialmente aceptable”.
La Ley de Evan ha provocado una fuerte reacción en contra. “Realmente invita a la policía a confiscar teléfonos sin justificación ni orden judicial”, afirma Donna Lieberman, directora ejecutiva de la sección de New York de la American Civil Liberties Union. Además, hace tres años, la Corte Suprema dictaminó por unanimidad que la policía necesita una orden judicial para revisar los celulares de las personas que arresta.
El senador estatal Terrence Murphy de New York, republicano y patrocinador del proyecto de ley, dijo que el concepto del Textalyzer se basa en la misma teoría legal del “consentimiento implícito” que permite a las autoridades usar un alcoholímetro. Cuando los conductores obtienen una licencia, consienten por adelantado a una prueba de alcoholímetro; de lo contrario, se arriesgan a que se les suspenda la licencia.
“La conducción distraída debe tomarse tan en serio como manejar ebrio”, afirma Ben Lieberman. “Es hora de reconocer que la conducción distraída es un impedimento similar y que debe tratarse de manera similar”.
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